La trama trata de un muchacho adolescente,
Gary Unwin o Eggsy, perteneciente a uno de los barrios marginados londinenses
donde sufre varias complicaciones desde la muerte de su padre. Después de
varios conflictos con su padrastro y sus secuaces, Eggsy descubrirá una agencia
secreta llamada Kingsman gracias a Harry Hart, un antiguo compañero de su
padre. Gracias a él, nuestro protagonista será presentado como uno de los
candidatos a ocupar el puesto de espía libre. A su vez, Richmond Valentine
tramará una de las suyas para hacerse con el poder del planeta.
Los
personajes se presentan de una forma cómica parodiando las antiguas y famosas
películas de espías. Además, a lo largo del largometraje se desarrollan de una
forma que acabará por soltar alguna carcajada entre los espectadores. También
hay que destacar la buena actuación de todos ellos. Eggsy es un muchacho
problemático que, a pesar de esforzarse para ser algo en la vida, siempre ha
acabado en el mismo lugar: al lado de su madre y su padrastro, un matón con el
que tendrá que lidiar. Este es un personaje
que llevará la trama de una forma refrescante dirigido, sobre todo, para
el público joven. Harry es el personaje tópico de las películas de espías,
aunque sigue sin dejar de llevar ese toque humorístico que acompaña todo el
largometraje.
Los
antagonistas son muy característicos en esta película. El villano principal,
Richmond Valentine interpretado por Samuel L. Jackson, junto a su secuaz
Gazelle nos brindarán las escenas más escalofriantes de la película. Sin
embargo, los guionistas de Kingsman
también han decidido brindar ese toque de humos a los antagonistas para que la
película no deje de ser la comedia que se espera.
La
historia de la película, a pesar de su toque humorístico parodiando los tópicos
de las películas de espías, no deja de ser interesante para los espectadores y
una película llena de acción. Los efectos especiales no dejan de ser un tanto
pobres, pero el equipo técnico supo llevar el bajo presupuesto hasta una
diversión para el público juvenil. La trama no deja de ser sencilla, aunque
atrapa por su simpleza y por su comedia.
En
definitiva, Kingsman: Servicio secreto
no deja de ser una película de espías, pero con una forma muy curiosa de llamar
la atención del espectador: el humor que parodia los tópicos. Un largometraje
que es muy recomendable sobre todo para el público más juvenil con vagos
efectos especiales pero con una trama que enganchará al espectador hasta el
último minuto.
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